Crónica imperdible (y comentario al calce) de la Semana del Arte — IBERO 90.9


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Disculpen la ignorancia: crónica de una semana de arte

Disculpen la ignorancia: crónica de una semana de arte

Por Tam Massimi

Es domingo. Estamos en Zona MACO porque hoy anunciaron la pieza ganadora del premio Erartra y, habiendo cruzado la ciudad para llegar, es mejor tratar de hacer valer hasta el último minuto de la Semana del Arte. Unas amigas se despiden porque corren a ver si alcanzan a llegar a Material, otros van llegando a plenas cuatro de la tarde.

La mayoría, con un par de tragos encima, intercambia palabras sin sentido y juicios de valor tan burdos como: "Esta no me gusta", "esa se ve linda", “esa medio equis”. En esta edición de MACO recorrieron los pasillos desde aquella persona millonaria que pagó 650 mil dólares por una pieza de Stanley Whitney -la más cara vendida en la feria-, hasta Ricardo O’Farrill haciendo comedia, acompañado de una cámara.

Año con año este macroevento parece perder la relevancia que lo coronó como un parteaguas de la escena artística global, y aún así, sigue encabezando las listas de recomendaciones para febrero. Paradójicamente, para muchas de nosotras ya es de los últimos destinos. Hay mucho que hacer antes de llegar a Lomas de Sotelo.

Me dispongo a enlistar las ferias y eventos de los que tuve conocimiento este 2025: Feria de arte independiente Feral, Feria Material y su recorrido de Material Monday, Noche boca arriba (servicio nocturno de Performance), Siempre Sí, La subasta del Castillo de Chapultepec, Salón Acme, BADA, Feria del libro Filia, Laguna, Clavo y (aunque este año no pudieron abrir) la querida Feria Quipo.

En cuatro días más de siete ferias y un sinnúmero de inauguraciones y eventos se dispusieron a compartir la atención y la billetera del público. Llenando centros de convenciones, casas y edificios viejos mientras, algunos proyectos, acondicionaron el espacio público o el segundo piso de una cantina reconocida por el sector bohemio de la Roma.

El año pasado mi mirada y curiosidad se concentró en las texturas y la predominancia de los textiles; éste, la oferta me apabulla tanto que solo puedo concentrarme en una pregunta: ¿Para quién está pensada tanta oferta?

Con la convicción de acercarme a algún tipo de respuesta -o al menos a una pregunta más acotada- recorrí lo que mi cuerpo permitió y, desde el primer día de febrero, asistí a las inauguraciones tempranas que seducían a los ansiosos. Como me dijo Brett W. Schultz, director de Material cuando le pregunté por la idea de agregar Material Monday al calendario:

"Si muchos empiezan con aperturas de prensa el miércoles y otros inauguran el martes para adelantarse, ¿por qué no ir aún más lejos e insertar un pre-pre-evento en el día festivo como banderazo de salida?”

Brillante, pensé. En este mercado gana el más astuto.

Y así, atendiendo a la lógica del que se le adelantó al adelantado que se adelantó al listo que sugirió hacer un día de apertura previa para la prensa y los invitados especiales, recorrí las calles de noche, con un par de mezcales en la sangre, en camino a una segunda, tercera o quinta inauguración el primer lunes de febrero. 

Ojo, no es una queja. He pensado cuidadosamente cada palabra para evitar que esta sea una crítica vacía más a un sistema que a todas luces solo seguirá creciendo. Lo que genuinamente me interesa aquí es evidenciar la vorágine estacional del arte y el gusto casi culposo de no poder resistirla.

De vuelta a la pregunta.

Considero que hay dos polos desde los cuales explorar los matices de estas fechas.

Por un lado, es el momento perfecto para justificar cualquier tipo de explotación laboral en nombre de la puesta en escena. Miles de coleccionistas e invitados especiales están listos para ver lo que sea que logremos mostrar. Una urgencia que si bien no es ajena a ningún equipo que haga producción de eventos o festivales, a mi parecer, se clava como daga dentro de una comunidad que es extremadamente precarizada el resto del año también.

Se imponen niveles de producción, oferta y velocidad mayores a curadores, artistas, gente que participa en los montajes y/o galeristas que no cuentan con ningún tipo de salario el resto del año y viven de venta de obra, textos comisionados, clases mal pagadas o sueldos insuficientes para la carga de trabajo que asumen. Nadie se escapa de este centro gravitacional de potencia económica, hasta Abramovic se vendió como una experiencia imperdible y siendo la atracción principal de un evento de gala. 

En mi experiencia, el glamour de la Semana del Arte genera una sensación de relevancia y élite que, el lunes 10 de febrero, se convierte en cientos de kilos de basura  junto con la tablarroca sobrante del desmontaje.

Ese es el lado A del disco: "Febrero con F de Fabulosamente Precario".

El lado B construye un trasfondo todavía más complejo.

Si uno pone atención en la avalancha de publicaciones, encontrará invitaciones genuinas y luminosas a proyectos que, con solo seguir algunas pistas, pueden devolver el alma y renovar la certeza de que el arte y su búsqueda siguen vivos. Me refiero a open studios, bares improvisados, conversatorios, mesas y rituales de vigilia performática que reclaman estos días como propios, como espacio para el encuentro de otras urgencias, intereses y pasiones.

Una escena paralela, que aunque pareciera no tener trazada la trayectoria de hacia dónde apunta su flecha, sabe bien que el arco se dobla con la fuerza de toda una comunidad unida por la certeza del acompañamiento.

Y entonces la pregunta aunque persiste, se desdobla y pasa de ser murmullo a presentarse como titular en un artículo de Artnews: ¿qué mercado puede atajar tanta oferta? O mejor aún, ¿cuánto bien o cuánto mal nos hace poner tantos esfuerzos y alianzas para empujar a cuestas diez días de eventos?

No deja de ser conmovedor ver cómo año con año las redes, las calles y las pláticas se van empapando de este ritual especulativo, pero  ¿cuán preparado está el sector para sostener esta oferta y, más importante aún, para redistribuir la ganancia?

¿Cómo podemos aceptar que se otorguen premios de miles y miles de dólares a extranjeros en ferias sostenidas por el trabajo de un sector cultural mexicano precarizado, bajo la supuesta convicción de impulsar el arte nacional?

Cuando un evento crece tanto, en algún momento es urgente detenerse y preguntarse si el camino sigue siendo el intencionado.

Todo esto lo pienso a las cinco para las seis, dentro de la feria más reconocida de América Latina mientras observo un booth en la Zona Sur tapizado con lienzos de Vanessa Baird, una artista noruega que retrata un mar de cuerpos desmembrados bajo las ruinas humeantes de Palestina. Percibiendo el olor del café que una mujer pasea a mis espaldas. Café de una marca que presume su Artwashing con un vaso de edición especial realizado en colaboración con una artista a la que, sé de buena fuente, no remuneraron justamente.

¿Cómo podemos dirigir nuestra presencia, nuestras cámaras, nuestra sed estética y nuestro cansancio ético hacia un lugar no mejor ni peor, pero al menos un poco más distanciado de la explotación a cuerpxs? ¿más consecuente con nuestros valores?

Hoy muchos ya iniciaron la planeación del siguiente año, ¿podemos hacerlo diferente?

En fin, disculpen la ignorancia.

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